El viaje a Valdivia y la región de los lagos estuvo muy bien. Es la zona conocida como la Araucania, al sur de Chile antes de llegar a la Patagonia. El paisaje es mucho más boscoso y humedo, menos urbanizado, más rural.
Después de una noche en el bus, llegamos a Valdivia y nos dirigimos al alojamiento que habíamos reservado. Allí nos dieron de desayunar, pero al final resultó que nos habíamos equivocado de hostal. Juas juas juas!
Después de instalarnos en el bueno, paseamos por la ciudad: focas, mercado, universidades... Una pequeña ciudad universitaria, con mucho ambiente, localizada en la confluencia de tres ríos.
Más tarde fuimos a la costa, en la desembocadura, a visitar Niebla y la isla de Mancera, donde en el siglo XVII se construyeron fortificaciones para evitar la entrada de los corsarios que querían atacar Valdivia, subiendo por el río. A la isla tuvimos que llegar en barco: solemne, misteriosa, tranquila... Con el día nublado, me encantó.
De vuelta a Valdivia paramos en la cervecería Kunstmann, dónde hacen buena cerveza artesanal al más puro estilo alemán. Valdivia es una región que acoge mucha inmigración alemana.
Al día siguiente, llovió todo el día, pero aún así fuimos al magnífico jardín botánico de la Universidad Austral; acabamos empapados. Por la tarde fuimos al museo de arte contemporáneo, expuesto en una antigua cervecería realmente tétrica.
Más tarde tomamos un bus hacia Pucón, pueblo masificado por el turismo de las clases altas (estilo Puigcerdà), al borde del lago Villarrica y al pié del nevado y humeante volcán Villarrica. Llegamos por la noche a l'École, albergue de pseudo-turismo ecológico. Después de cenar una lasaña vegetariana, estuvimos hablando con otros estudiantes que también venían de Santiago.
Después empezó para mi un infierno de vomitera, sacando lasaña y más. Parece que en Valdivia comí algo en mal estado. El día siguiente me quedé en el hostal todo el día, mis amigas fueron a hacer una excursión a un parque nacional.

Al día siguiente, más o menos recuperado, fuimos a visitar el pueblo de Curarrehue. Allí hay la aldea Trawü Peyum, una especie de museo de la cultura mapuche. Pero cuando vas al museo prefieren que te sientes con ellos al fuego para compartir mate y hablar. Después de unas horas de conversa, de enseñarnos a tocar instrumentos indígenas y de trance (por la música), salimos encantados. A mis amigas les gustó tanto el pueblo que decidieron quedarse a pasar las Fiestas Patrias. Yo por la tarde tomé el bus hacia Santiago, ya que al cabo de dos días tenia un examen.
Fiestas PatriasLa vuelta y el examen fueron muy bien, aunque mi estomago aún no se había recuperado del todo. Esa semana eran las Fiestas Patrias: banderas gigantes por todas partes, en los balcones, en los coches de la calle, guirnaldas a lo americano, fondas (sitios de comida y baile), cueca (baile típico)...
Aunque a mi no me motivaba demasiado, estuve paseando por el Parque Bernardo O'Higgins que estaba a reventar de gente: asados, paradas, chicha (bebida típica de las fiestas), empanadas, desfiles militares... Nos tomamos unos terremotos y unos pinchos asados. Otro día fuimos a una casa okupa.
Y eso es todo del viaje. Ésta última semana ha sido relajada, de vuelta a la normalidad.


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